El entierro...

Con la pala en una mano, una caja llena de recuerdos y un montón de cosas que ahora ya no sirven más que de recuerdo me detengo frente al hoyo que he cavado, es profundo y negro, frío y solo...me paro frente a la tumba y lloro tanto que la tierra que pisan mis pies está mojada. Te despido con la esperanza de que algún día este dolor se haga un finísimo recuerdo, pienso en los días malos...esos que no te dejan dormir,esos en los que te extrañaré hasta reventar, en los que querré estar contigo para luego recordar que no es posible, que ya no estás aquí, que te has ido para no volver.

Entierro contigo tantas palabras, sueños, caricias y esa palabra que es la primera en irse hasta el fondo...te guardo las fatigas y el cansancio; ahora por fin podrán descansar y olvidarse como todo lo que no se menciona y se va con el tiempo, se erosiona y al final está tan deformado que su forma se ha perdido para siempre y un buen día ya hasta desconocido es. Tu entierro es triste y no hay nadie para consolarme, es tan largo como decido quedarme, pero sabes? Hoy me levantó un poco más tranquila...con los ojos recordándome que ya no estás y que me duele tu ausencia, pero la real...la que ya no vuelve, esto me reconforta un poco...

Recuerdo esa canción de noche de luciérnagas y recuerdo que cada palabra está hecha a la medida el día de hoy, la escucho por última vez y te la dejo caer como tantas otras cosas. Lamento haber tenido que terminar contigo, pero eras tú o yo y esta vez he decidido vivir.
No me pidas nunca más un beso, llévate tus pensamientos retorcidos y tu espíritu confundido. Los años no pasan en vano y sinceramente ya estoy un poco cansada de esas niñerías. El mundo no se acaba en un entierro, duele, se sana y al final la vida no termina...

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