Alas como raíces


Caminaba por el mundo descalzo, desnudo, ciego, vacío y vulnerable. Caminaba como todos lo hacían, como había aprendido. Un día casi sin quererlo de verdad se topó con la tierra, al tocarla, quiso vivir en ella para siempre.Así como se encontraba descazo se hundió en ella, ya dentro le crecieron raíces que salían de sus pies, crecían por cada lugar de sus entrañas hasta salirle por la boca. Se llenó de la tierra con ella cubrió su cuerpo desnudo, el barro formaba una capa que lo confortaba, tenía un hogar.
Un día una tormenta lo expulsó de la tierra, salió a la luz y se encontró de nuevo con el mundo, pero ahora era tan diferente...todos llevaban túnicas delgadas y aunque desnudos aún, habían adquirido ahora unas delicadas pero poderosas alas que rodeaban cada parte de su cuerpo.
Al verlos quiso volar, pero en cuanto quiso emprender el vuelo algo lo jaló de nuevo a la tierra, eran sus raíces. Amaba sus raíces, pero no le dejaban volar. Intentó convencer a los voladores de que la tierra era maravillosa y no es que quisiera engañarlos, lo era...lo que no les decía es que quería que alguien echase raíces con él. Había estado tanto tiempo debajo de la tierra que depronto se había sentido tan solo.
Pasaba horas viéndolos volar. Se preguntaba si hubiese conocido las alas antes que la tierra que hubiese escogido. Un día desesperado por tener alas, cortó sus raíces, recolectó las alas que caian al suelo y se hizo unas alas. Voló. Al volar quiso encontrar un compañero para estar. No halló ninguno, porque los voladores volaban todo el tiempo y jamás se quedaban demasiado tiempo en un mismo lugar. Dejó el vuelo y bajó con el corazón roto a la tierra una vez más.
Cuando lo hizo metió sus pies en la tierra, pero las raíces ya no salían, se había secado y ahora eran nada. Se encontraba otra vez descalzo, desnudo, ciego, vacío. No pertenecía a la tierra, ni al viento. No tenía raíces, ni alas.
Un día un viajero del viento se paró en la tierra, viéndose solo, se acercó al hombre sin lugar. Le preguntó que era mejor, si tener alas o raíces. El hombre sin lugar no supo contestar. Le contó que cuando estaba dentro de la tierra se sentía feliz pero al mismo tiempo solo y apartado, pero que esto mismo le había ocurrido cuando tenía alas.
Un día mientras pensaba en todo esto, comenzó a ocurrirle algo muy extraño, dentro de él nació una raíz, creció lentamento, pero con fortaleza al poco tiempo una pluma surgió en una de sus ramas. Después de un tiempo todo su cuerpo estaba lleno de raíces con alas. Aunque los viajeros del cielo y los habitantes de la tierra se maravillaban por esto, nadie se le acercaba. Los que tenía alas le temían a las raíces y viceversa.
Un día encontré al hombre sin lugar, me senté en sus raíces y subí por sus alas. Hallaba paz en su tierra y libertad en sus alas. Aunque el hombre sin lugar no era ni de la tierra, ni de los cielos, encontré en él una paz que yo tampoco conocía. No le temí ni a sus raíces, ni a sus alas. Y me afiancé a la tierra y me dejé llevar por sus alas. Amé su diferencia. Le amé hasta que las raíces se secaron y las alas se cayeron. Después me fui a caminar, esperando y aún espero encontrar otro hombre sin un lugar. Un hombre con alas como raíces.

Comentarios

  1. "...hallaba paz en su tierra y libertad en sus alas." ¡Maravilloso! Sólo puedo decir que llegará esa paz y esa libertad a nuestro camino cuando hayamos decidido quitarnos los miedos y nos dejemos vivir... liberar...

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    1. Amén. Liber y liberarnos. Pueden ser más fuertes nuestros miedos que nuestras ataduras. Le amo infinitamente, gracias por leer y entender siempre más allá de las palabras.

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