Anne


     Siempre me han llamado la atención los epitafios, me preguntó qué dirá el mío cuando yo ya no esté aquí. Creo que para mí sería una labor titánica el decidir qué palabras poner, algo que me definiera y englobara, para que de alguna manera dejara una huella de lo que fui en este mundo. Un testimonio escrito en unas cuantas palabras. Así pensando en eso, hoy pensé en ti. ¿Qué pondría en el tuyo? Ese que nunca tuviste.

Te encontré un fin de año. Estabas en una esquina inquieta y llorona, perdida, miedosa. Pasaron unos chicos y te levantaron, al final sólo te volvieron a dejar en el mismo sitio donde te encontré. Caminé hacia ti y te vi. Eras perfecta. Tenías esos ojos que no he visto jamás en otro de tu especie, como si de inmediato  me hubieras re-conocido. Te levanté y te metí a la casa, sabiendo de antemano que sería un rotundo no. Te envolví en una cobija y te dejé comer y me fui. Así pasaste a vivir los años más plenos de mi vida. Los compartiste y también fuiste feliz. Fuiste parte de esa familia extraña de tres. Luego cinco y hasta seis. 

Acompañaste momentos de dos. Me acompañaste en las oscuridades más profundas, fuiste una compañía incondicional, sin decir nada. Dabas todo con tu presencia y esos ojos hermosos. Jamás pronunciaste una sola palabra y sin embargo llenabas mi alma de paz y sosiego. Te mantuviste honesta y fiel hasta el final. Por eso hoy después de tantos años te dedico este epitafio. 

No hay día que no lamente el haberte abandonado como lo hice, lo siento. Me embriagó demasiado la tristeza y salí corriendo, dejándote detrás. Lo siento. No me alcanzarán las palabras para decirte lo mucho que lamento no haber podido con ese recuerdo y el hecho de que jamás pude apartarte de esa marca de nostalgia y dolor. Te castigue junto con un pasado doliente. Eras el vivo recuerdo de ese sueño perdido. Lo siento.

Por eso en tu epitafio debería de decir que fuiste la mejor amiga y compañera, escucha y mascota que he tenido. Que me hiciste mucho bien, que me hiciste crecer, ver y escuchar. Me enseñaste a no correr, a vencer los demonios del pasado y a convertirlos en sombras. Siempre te estaré agradecida por todo lo que sin saber hiciste por mí. Por guardar los secretos y por ser parte del más hermoso que tengo.

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