Ego


Suena el teléfono, número conocido...ella se levanta y contesta nerviosa, teme escuchar esa voz, teme saber del hoy, teme saber más de lo que quiere, teme extrañar esa presencia enterrada, teme sentirse feliz por recibir esa llamada. La plática no fluye, se detiene, el aire es tan espeso que casi se puede cortar en pedazos, como su ayer. Al final un abrazo y un beso detienen el engaño.

Puro ego, egoísmo...pertenencia, recuerdo, carne aferrada a una cama vacía, manos viejas quitando la hierba nueva...por pura diversión. Se detiene un momento frente a la puerta y piensa en el tiempo desperdiciado cuando todavía se compraba esas ideas huecas y momentáneas, cuando tomaba un pedazo de ayer y pensaba que por haberse cruzado con un hoy, sería un mañana. Grandes mentiras se tejen en tu red, grandes palabras salen de tu boca manchadas de mentiras, voces irreconocibles que piden a gritos saber un nombre por demás conocido.

Malditos cavernícolas de cuerpo y alma. Intentando dejar huella en un cuerpo de arena y mar. El olvido es su epitafio piensa mientras lanza un pensamiento que poco a poco consigue convertirse en una sensación, sube por las manos y llena todo de un súbito frío y calor, maldice la sensación y después recuerda su propia culpa al dejar la puerta abierta.

Y después sin más ni más se le van las ganas de dedicar uno más de sus eternos desvelos a un tema y una letra ya tan discutidas y por demás desgastadas e inútiles. Y todo para que al finalizar la conversación, se despidiera con un "lo siento, me equivoqué de número." Un auténtico golpe a su ego y uno mortal al olvido, sin perdón.


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